Quién no conoce el famoso poema de Gustavo Adolfo Bécquer:

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... yo no sé
qué te diera por un beso.

Sé que este poema versa sobre un beso, pero otro día hablaré de los besos; hoy, de una mirada.

A veces lo más importante en una persona es su mirada. Y no siempre nos damos cuenta. Deberíamos de aprender a leer en las profundidades de las miradas. Seguramente encontraríamos sentimientos y palabras que ningún gesto o palabra nos podría regalar.
Hoy he vuelto a ver en una mirada todo aquello que creía perdido. El brillo de los ojos es como una partitura, es díficil aprender qué quiere decir cada nota, pero una vez que la has aprendido, eres capaz de ver todo lo que te ofrece.
Ahora que he de alejarme físicamente de Madrid, no olvidaré meter en la maleta esa mirada, así podrá iluminarme por las noches y hacerme olvidar el frío.
No, no te la devuelvo por que ya es nuestra.