
Una fuerte sacudida hizo tambalearse al Doctor. Tampoco mucho porque los cinturones le atrapaban como unas tenazas. Olvidó por completo la canción que recordaba y el pánico le invadió. Quería gritar, pero la voz se escondió por el miedo. Lentamente se le fue nublando la vista y perdía el control de su cuerpo. El temporizador retrocedía inexorablemente en el tiempo.
Entonces soñó...
La compuerta de la máquina se abrió dejando escapar vapor hacia un cielo oscuro y estrellado, con un brillar de luna que iluminaba todo como un foco. Hacía mucho frío en el exterior, pero él estaba cómodo. Miró hacia todos los lados que su posición le permitía, temeroso pero excitado, como un niño al que le han prohibido abrir una puerta y está en ese momento mirando el picaporte. Se sobresaltó cuando se dio cuenta de que estaba respirando sin ayuda artificial. Se había imaginado que el aire estaría enrarecido. Al fin y al cabo, se suponía que las concentraciones de los gases serían diferentes a las que él estaba acostumbrado a respirar. Pero pronto se olvidó.
Se desabrochó los cinturones y salió de la máquina apoyándose en el borde. Tenía las piernas un poco entumecidas y le costó dar los primeros pasos.
Veía vegetación, pero muy diferente a la que esperaba imaginar. La mayoría eran orquideas y helechos, pero dispersos. De hecho parecía que se encontraba en un desierto al que algún pintor se le hubieran caído pinturas verdes desde la paleta. La arena era roja, pensó en arcilla, pero tenía la textura de arenisca. Se sentía confuso.
- ¡No me lo puedo creer!¡Sigo vivo!¡Mejor!¡Existo! - estallaron sus ojos en lágrimas.
Cuando recuperó la compostura, cogió su cuaderno de notas y decidió explorar más a fondo el territorio.
- Así que el pasado era así. ¿O es? - Y se sonrió.
Mientras dibujaba una de las extrañas orquideas, escuchó a su espalda un ruido sordo, como si algo cayera al suelo. Se giró y no vio nada.
- Algún fruto que acaba de caer. No puede haber nadie, ¡estoy solo! - Quiso sonreir, pero su cara le mostró una extraña mueca.
Siguió con la tarea de apuntar todo lo que veía, pero jamás tocó nada. Se decía que si al final sus teorías no se habían cumplido, por lo menos hacer caso de lo que había leído no le vendría mal.
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- ¿Doctor? ¿Doctor? ¿Me escucha?
- Señor, hemos perdido la comunicación.
- Bueno, más o menos me lo imaginaba. ¿Cuánto tiempo queda para que llegue al destino la máquina?
- Señor, quedan exactamente dos minutos y once segundos y avanzando.
- Muy bien, muy bien. Estoy impaciente.- se giró y encendió un cigarrillo.
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Una luz más blanca que la luna resplandeció a lo lejos justo en frente del Doctor. Luis se quedó absorto preguntándose qué podría ser aquello. Casi ni respiraba cuando se dio cuenta de que se acercaba lentamente y flotando una forma humana, grácil, y el cuaderno de notas se le cayó a los pies.
Era una mujer de cabello negro que le colgaba lacio sobre sus hombros. Llevaba un vestido blanco, ligeramente transparente. Sus ojos eran negros como la noche y portaba una sonrisa. Luis abrió todo lo que pudo los ojos. No lo podía creer.
- ¿Tú? - Dijo en un hilo de voz - Pero, no puede ser. Estás... o estabas... - Su voz temblaba.
- ¿De verdad lo piensas? - Dijo la misma dulce y cálida voz que él recordaba. - Ven, acércate a mi.
Un hormigueo paralizaba al Doctor. Ella alargó la mano y le agarró la suya. Le hizo rozar su cuerpo. Estaba caliente y suave. Millones de recuerdos llenaron los ojos de Luis.
- No te preocupes, amor mío. Ha pasado mucho tiempo, pero volvemos a estar juntos. Te he echado tanto de menos. - Le dijo ella acercándose a él.
- Pero te perdí. La carretera, el borracho, la sangre... Todo parecía tan real...
- No pienses ahora en ello. Debes descansar. Vuelve a la máquina y duerme un poco. Yo te espero en el borde, cuidando de ti.
Luis iba hipnotizado hacia la máquina. Se sentó y se abrochó los cinturones observando el rostro de aquella a la que había amado hacía tanto tiempo.
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- Señor, diez segundos para completar la primera parte del experimento. - Gritó una voz excitada.
- Perfecto - Dijo el General - ¡ Y pensar que casi lo abortamos por un mequetrefe! No va a ocurrir nada.
Nadie lo notaba, pero por la frente empezaron a caerle al general unas pequeñas perlas de sudor y le temblaban las manos.
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Los ojos se le iban cerrando mientras notaba un beso en sus labios.
- ¿Estarás aquí cuando despierte?
Ella le miró y se incorporó. Él se encontraba atontado y notaba que la máquina se movía.
- Luis, no es esa la pregunta que debes hacer. Deberías preguntarme si existiré cuando despiertes... o quizá... si existirás cuando te depiertes.- Y soltó una caracajada.
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El Doctor abrió los ojos. Notaba su cuerpo sudoroso. Recordaba vagamente el sueño, pero sobre todo la risa. Le entró el pánico al posar su vista sobre el panel de mandos.
Quedaba un año para que el temporizador llegase a cero.
FIN

¿¿Cómo que FIN??!!!... No..., no me puedo creer que termine así... Consigues enganchar con cada pedacito de texto... No me puedo creer que haya leído FIN... Yo quiero mas…
¿Qué ocurre??....
Je je, gracias, Ana. Pero antes de explicarte el final del cuento, vamos a esperar a que nuestro QIA se digne en comentar. (vamos, si quiere)
Una pista... piensa cual es la teoría del Doctor y entenderás el final.
Larga y sesuda literatura científica -por ejemplo, procedente de los laboratorios de psicología clínica de los National Institutes of Health de Bethesda, Maryland- demuestra que el Homo Sapiens, en tanto que animal, no puede reproducir el dolor. Una vez pasado, pasado está. Puede sentir nuevo dolor. Pero no puede reproducir dolores antiguos.
¿Una forma de superviviencia?
Antiguos estímulos no nos producen sensaciones nuevas, si se trata de dolor. Sin embargo, si se trata de placer, sí.
El Homo Sapiens, en tanto que animal, puede reproducir el placer cuantas veces desee, sin necesidad de recibir nuevos estímulos.
Un mordisco revivido no me produce el mismo dolor que el mordisco original.
Un beso revivido sí me produce el mismo placer que el beso original.
¿Una forma de superviviencia?
El Doctor QIM lo sabe, o lo intuye, o lo imagina, o lo desea. El Doctor QIM puede incluso decidir dedicar su vida a ese tema.
La Máquina del Tiempo ya existe.
Marca: Persona. Modelo: Amor.
Exija siempre la garantía original. No acepte imitaciones.
Sí Señor, QIA, casi siempre que recordamos un dolor pasado, esbozamos una sonrisa, igual que cuando recordamos algún placer. Pero mientras que la sonrisa primera se produce por no recordar bien ese dolor (posiblemente bloqueo de la mente, y me meto un poco en la ciencia y apoyo la teoría de supervivencia)la segunda es por recordar bien ese placer.
Ana, te gusta más el final ahora?
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Cuando piense en estos comentarios también esbozaré una sonrisa por el placer que me produce leerlos.
(-:
Por supuesto que sí... :-)
Gracias por tu historia..
Es un placer escribir cuando existen lectores como vosotros.