Muchas veces he pensado que cada folio en blanco tiene una historia que está esperando una mano, una pluma y un cerebro para salir a la luz. Da igual que este folio sea celulosa o sea informático, la historia está ahí y sólo hay que redescubrirla.
Últimamente no he escrito nada porque no podía leer lo que los folios me querían mostrar. Mi telepatía estaba totalmente ofuscada y sólo hoy he podido sentarme en frente del ordenador y empezar a leer lo que iba a escribir.
Lo bueno de escribir es que suelen surgir de repente ,como besos, ideas que chocan contra ti y te dicen:
- Tienes que escribirme.
Pero uno piensa:
- De acuerdo, te escribiré, pero ¿encontraré el folio adecuado?
A lo mejor, ¿quién sabe?, ese folio está en una servilleta, o al margen de un periódico, o incluso en un cuerpo.
Me afanaré en seguir descubriendo lo que guardan todos los papeles de mi casa. Esos pequeños rincones donde aguarda impaciente y expectante una historia de amor, un poema, un cuento, una crítica... no sé, según lo vaya leyendo os lo escribo y os hago partícipes de mi alegría.