Había tardes en que se encontraba mejor y tardes en las que se encontraba peor, lógicamente. Pero esa tarde no se encontraba, simplemente había desaparecido. No recordaba si lo había hecho adrede o había sido todo fortuito. Tampoco le importaba demasiado, se sentía, en cierto modo, feliz.
No era una felicidad plena, nada en este mundo llena del todo, ni un vaso puede llenarse totalmente, siempre está ese punto en el cual uno no sabe si puede llenarlo más sin que rebose. Y es en ese punto, cuando la incertidumbre entra en ti, cuando la felicidad no es plena.
No quería pensar. Bueno, no quería pensar ciertas cosas, no quería ni tan siquiera ponerse en situación de hacerlo, no, no, había desaparecido para todo y para todos, y deseaba ferviertemente esa transparencia que da la ignorancia, esa inocencia virgen en la que desearía esconderse siempre, pero que nunca, absolutamente nunca podía estar, hasta hoy.
Se dijo que era muy curioso sentirse así, con la mente en blanco pero rellenándola con lo que quisiera. La situación le hacía recordar esos sueños en los que parecía tener total control y sabía que tenía que hacer algo para no despertar, que en es momento era dueño del mundo, de su mundo, de un mundo onírico donde todo funcionaría como él quisiese.
- ¡Qué pena no vivir en un sueño!
Pero recapacitó. Si viviera siempre en un sueño, se estancaría, su vida discurriría por los senderos que hubiera pisado, por páramos donde su imaginación podía decorarlo a su antojo, pero siempre igual, siempre los mismos paisajes.
Recordaba su época de Universidad, como siempre había vivido en campos yermos y fríos, le encantaban los pisajes verdes, el cesped, ¡oh, que bello!, los acantilados tintados por la pluma de Neruda que se derrumbaban en el mar... pero algunos amigos suyos que siempre habían vivido en esos, para él, idílicos paisajes, no los detestaban, simplemente no les llamaba la atención.
Así que hizo esfuerzos por poder encontrarse, pero no podía, no se veía, no se sentía...sí que se oía respirar, pero no sabía discenir de donde vení. No sabía si realmente estaba o había dejado de ser. Una angustia como una soga le inundó...¿el cuerpo? hubiera jurado que sé, pero...¿dónde estaba su cuerpo?
Quiso gritar, pero sólo pudo pensarlo, quiso arañar...¿el qué?... no había nada, se estaba desesparando...
- ¡Quiero volver!
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ring, ring, ring...
Se buscó el bolsillo y encontró su móvil.
- Menos mal que me has llamado, me había quedado dormido y tengo muchas cosas que hacer...¿cómo?...pues no sé que estaba soñando...