Un corto delirio o un corte de lirio.
La ciudad intenta resistir con botellas de agua el abrasante y asfixiante calor. De vez en cuando alguna bebida con gas, pero pocas, que no quitan la sed. Saben mejor que el agua (el agua sabe a agua y depende de donde se beba) pero no quitan la sed.
La ciudad está amarilla, sobre todo el centro. Dicen que es por la ropa que lleva. De Villamayor, dicen algunos. Y tiene algún que otro lunar, blanco, rojo, verde, azul... debería de mirárselos de vez en cuando, no sé, por eso del sol. Pero nunca se pone protección, ¿para qué?, piensa la ciudad, si todos los días me pasa igual.
A la ciudad le gustaría dejar un día de ser ciudad. No por mucho tiempo, un año o así. Quiere ser río, como uno que tiene muy cerca. Ahí sí que me encontraría fresquita. Y subir o bajar, salpicar, no sé, las cosas que hace un río, que no son muchas pero sí divertidas.
La ciudad tiene calor, mucho, y eso que hace poco se duchó, pero ya se sabe, es como cuando lavas un coche, al día siguiente llueve. Pues eso, después de la ducha, sol y sudor.
La ciudad sabe que queda poco para que llegue la brisa de la noche y se prepara. Empieza a sacar su pijama, uno de colores anaranjado que con la luz de la luna se vuelve negro, y en su pecho, por el centro, hay lucecitas, como esas que los padres pegan en los cuartos de sus hijos para que puedan dormir contando estrellas (es una mala costumbre porque como al niño le dé por contar las de verdad, puede acabar loco, como yo)
La ciudad tiene hambre y le rugen las tripas...

Ana dijo
Una linda descripción de la ciudad... que por cierto, no reconozco... :-D
27 Abril 2006 | 11:19 AM